Sesionando con seguridad: teoría y práctica

¿Cómo es una sesión BDSM? Ante esta pregunta, especialmente cuando me la hace alguien que no conozco de nada a través de una red social cualquiera, ya sea especializada como Fetlife o generalista, como Twitter, mi reacción habitual es mostrarme reacia a responder. Y no es que sea una rancia, es que normalmente esta «petición de información» suele esconder en no pocas ocasiones un deseo de iniciar una conversación ‘calentita’. Hablando en plata, mis queridos lectores y lectoras, cuando alguien pregunta esto por mensaje privado lo que suele buscar es el onanismo asistido, esto es, que le cuentes alguna cosa que le resulte excitante para utilizarte y hacerse «unas pajillas», como diría Torrente.

torrente-pajillas

Pero más de una vez me he quedado pensando que no es un tema baladí, especialmente para las personas que tienen poca experiencia. A mí misma, cuando empecé, me hubiera gustado tener información sobre ello. Así que hoy voy a hablar sobre las sesiones en BDSM. Qué son, cómo hacer para que transcurran de manera adecuada y qué cosas hay que tener en cuenta (o se debería).

Disclaimer’: evidentemente, hablo desde mi experiencia y que lo que expongo aquí es mi opinión subjetiva. Como todo lo que escribo en el blog, obvio, pero en este caso aún más. Porque en esto sí que no hay manual de instrucciones y cada persona que practica BDSM lo hace según sus propios gustos. Pero hay algunas cosas que hay que tener en cuenta sí o sí antes, durante y después de la sesión para que todo salga bien, independientemente de las prácticas que se realicen o lo que se vaya a hacer. Vamos a verlo en detalle.

¿Qué es una «sesión» BDSM?

Cuando en BDSM hablamos de «sesión» nos referimos al espacio de tiempo en el que se realizan prácticas BDSM. No hay un tiempo mínimo ni máximo estipulado. Ni se empieza tras escuchar una trompeta, o se dice «a la de ya» y al lío. No. Todo sucede de una forma un poco más sutil, o no, dependiendo de las prácticas que se vayan a hacer y los gustos personales de cada cual. Pero básicamente, y de manera sencilla, cuando los practicantes de BDSM usamos este término nos referimos al periodo en el que se practica, y normalmente suele tener una duración determinada, más o menos larga, pero limitada en tiempo. Aquí vendría cuando explico lo que es el 24/7 y el ‘just in the bedroom’ (solo en el dormitorio), pero esto casi que mejor para otra entrada, que si no me voy a enrollar como las persianas. Y diréis, pues como siempre, seisCuerdas. Tú lo de la concreción como que no, maja. Pero hay que quererme así, qué le vamos a hacer 🤷‍♀️

Entonces ya sabemos lo que es. ¡Bien! Querréis saber lo que se hace durante la sesión, ¿verdad? Y ahora es cuando me pongo en plan misterioso y digo… depende. ¿De qué depende? De según como se mire, todo depende… 😉 No, no os estoy vacilando, de verdad que no, es en serio. Depende de muchas cosas, y voy a enumerar las más importantes, porque así lo entenderéis mejor:

  • Del tipo de relación que se tenga con la persona (o personas) con la o las que vayamos a tener la sesión ¿Hay una relación de Dominación/sumisión? ¿O se trata de un juego esporádico?
  • ¿En público o en privado?
  • Los gustos personales de las personas que participan en cuanto a prácticas BDSM.

El tipo de relación es importante porque determina si habrá toma o cesión de poder entre las personas que participan en la sesión. Porque no, mis apreciad@s lectores, no siempre hay alguien que «manda» y alguien que obedece en BDSM. A veces, simplemente, solo hay alguien que hace algo (por ejemplo, atar, azotar, o echar cera de velas sobre la piel de alguien) y alguien a quien se lo hacen. Al primero lo llamamos ‘top’, es decir, la persona que está ‘arriba’, o que ‘hace’, y al segundo le llamamos ‘bottom’ (‘abajo’), y sería quien ‘recibe’ las prácticas que hace la persona ‘top’.

Por ejemplo, es posible que alguien tenga una sesión de ‘spank’ sin tener amo, o ama, simplemente una sesión de azotes, sin obediencia ni sumisión en ninguna otra cosa. Esto ocurre con mucha frecuencia en fiestas y eventos. Gente que no se conoce previamente puede ‘jugar’, esto es, hacer una práctica muy concreta durante un tiempo limitado, sin cesión o intercambio de poder, y en caso de que lo haya, se limitará a lo que dure la práctica. Después, cada un@ a su casa y Zeus en la de tod@s, aunque no se escapan de cuidar y responsabilizarse de la persona con quien se ha jugado, algo de lo que hablaremos después más despacio.

Si hay cesión o toma de poder es diferente, y mucho. Porque implica que esas personas han consensuado o hablado previamente ‒o deberían haberlo hecho‒ sobre qué cosas harán y cómo, y que la persona que está en rol sumiso le entrega a la persona dominante el poder de decidir en aquellos aspectos de su vida que hayan acordado, con los límites que tenga. Ya hablamos de esto en la entrada sobre el ‘avainillamiento’ de las relaciones D/s, os acordáis, ¿verdad? Se pueden establecer rituales y protocolos a la hora de hacer cosas cotidianas, de carácter sexual o no, por el puro placer de tener el control o cederlo, como hablamos hace poco en el post sobre el sexo en el BDSM.

La intimidad es importante a la hora de tener una sesión. No es lo mismo ‘sesionar’ en un evento público, con gente delante, que hacerlo en privado, dondequiera que suceda (mazmorra de alquiler, domicilio particular, o establecimiento hotelero). Suele determinar si se hacen o no prácticas más ‘kink’: muchas personas prefieren reservar este tipo de cosas para la intimidad y, si se es poco exhibicionista, lo más probable es que se prefiera esta última opción.

Por último, los gustos personales sobre prácticas BDSM determinan el transcurso de la sesión y su desarrollo. Algunas requieren instalaciones o material específico, como por ejemplo, el ‘shibari’, si se van a realizar suspensiones; el ‘bondage’, o las inmovilizaciones, requieren anclajes en el techo o la pared que sean seguros para la persona que va a ser inmovilizada en ellos. Otras requieren una preparación previa (por ejemplo, congelar la llave de un dispositivo de castidad en una botella o el ‘figging’ (juegos con jengibre).

Bien, después de semejante tostón teórico que os acabo de cascar ‒qué ‘pesá’ que eres, seisCuerdas‒ vamos a cositas un poco más prácticas, esto es, lo que viene siendo el meollo, o el transcurso de la sesión en sí. Lo voy a dividir en tres grandes bloques: antes de, durante y después. Ya sé que lo que os interesa es el del medio, el «durante», pero os aguantáis y os lo tragáis todo ‒ejem‒ esto… quiero decir, que hay que tenerlo en cuenta todo, que todo es importante, cochinos. Vamos a ello.

Antes de la sesión: el ‘calentamiento’

Salvo que la sesión, práctica o juego vaya a tener lugar específicamente en un evento o sea una ‘performance‘ ‒una sesión de ‘shibari‘, por ejemplo‒ esto es muy importante. Se trata de la preparación mental, o el ‘calentamiento’ para lo que va a suceder en la sesión. En el caso de la ‘performance‘ también puede darse, claro que sí, pero es menos probable.  Independientemente de la relación que haya entre las personas que vayan a participar, ‘calentar’ o ‘caldear’ previamente es fundamental y se puede hacer de muchas formas. Desde charlas en aplicaciones de telefonía, con o sin intercambio de imágenes, audios o vídeos, a la preparación de detalles, como el control del aspecto o indumentaria de la persona sumisa por parte de la persona dominante: depilación (o ausencia de), peinado, maquillaje, ropa, uso de juguetes sexuales, etc. ¿Es necesario? Depende de los gustos de cada un@, pero, en mi opinión, sí. Antes hemos quedado en que no necesariamente ha de haber un vínculo D/s o cesión de poder para tener una sesión, y me reafirmo, pero indudablemente la preparación previa ayuda a crear ambiente y estimula la excitación de las partes que participarán en ella.

La sesión propiamente dicha. El meollo de la cuestión

Lo que te ha costado llegar hasta aquí, seisCuerdas, ‘jamía’. Eres más pesada que una vaca en brazos, chata. Bien, pues ya hemos llegado a la parte interesante. Huelga decir que antes de todo esto que vamos a contar ahora las partes implicadas habrán hablado largo ‒y preferiblemente no tendidos, sino serenos y con calma‒ de todas las cosas importantes, esto es, lo que viene siendo consensuar: límites, prácticas, palabra de seguridad o mecanismo para parar y datos a tener en cuenta sobre salud. Por ejemplo, si se es propens@ a sufrir desmayos o lipotimias, enfermedades como la epilepsia, de la piel, problemas circulatorios, sangrado excesivo, medicamentos, alergias a alimentos, bebidas, tejidos, o materiales como el látex, ITS que se padezcan, prevención de embarazos y enfermedades de transmisión sexual.

También es muy importante hablar sobre fobias y limitaciones psicológicas. Si se padece claustrofobia es importante tenerlo en cuenta si se va a practicar ‘bondage’, por ejemplo. Además, es necesario hablar sobre experiencias traumáticas ocurridas en el pasado que pudieran ser desencadenantes de situaciones conflictivas (‘triggers’): maltrato, violación, palabras o formas de referirse a la persona sumisa o ‘bottom’, insultos, acciones como las bofetadas, tirones de pelo, escupir, patadas, empujones u otras acciones bruscas o con cierta dosis de violencia… Hay que tener en cuenta todo esto y no dar nada por hecho, ya que puede suponer dejar de pasarlo bien y pasar a estar muy mal en un espacio de tiempo muy corto y con poco margen de maniobra. El BDSM no es algo sencillo ni inocuo y hay que tener mucho cuidado con estas cosas. Más adelante veremos cómo manejar la situación si las cosas van mal y hay que parar la sesión.

Bien, suponiendo que ya hayamos hablado de todo y ‘calentado’ la situación a nivel mental, tal como hemos explicado hace un rato, nuestro «guiso» ‒o sea, la sesión usando un símil culinario‒ estará a punto, como un buen arroz. La persona dominante o ‘top’ tendrá que decidir qué se hace y cómo, y esto no debería suponer para él o ella ningún agobio o estrés, sino todo lo contrario, es decir, debería resultarle placentero. Si no lo es y el solo hecho de tener que decidirlo todo le estresa, quizá signifique que no le guste dominar y debería replantearse la situación o enfocarla de otra manera, hacia prácticas sadomasoquistas, simplemente, o pensar detenidamente cuál es la causa del agobio. Si es simple miedo escénico, nervios o miedo a defraudar, estaos tranquil@s: que levante la mano quien no lo haya sufrido en alguna ocasión.

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No pasa nada si se te cae el ‘flogger’ al suelo: el humor ayuda siempre, así que sácate el palo del trasero, sonríe y disfruta, que esto es para pasarlo bien, leñe. Y tener el material que vayas a usar preparado también ayuda. Al principio, o si eres una de estas personas que lo planifican minuciosamente todo al milímetro y lo apuntan absolutamente t-o-d-o ‒un saludo a mi amiga @Aeterna_ 👋‒ querrás tenerlo todo previsto punto por punto, cosa por cosa y calculado. Si eres como yo, más de improvisar, te gustará que las cosas sucedan de una manera más espontánea y te parecerá horroroso tener que pensarlo todo y preparar tantas cosas, pero, créeme, un poco de organización es necesaria. Si lo que te inquieta es tener que recoger tanto cacharro, ¿para qué tienes un/a sumis@, carajo? Que trabaje, o trabajen. ‘Pa eso están ¿no? 😝😁

Tener los instrumentos y juguetes que vayamos a usar sobre una superficie plana preparados y a mano, además de que es placentero por sí mismo, porque imaginar cómo los vas a usar ya es un gustazo, sobre todo nos permitirá estar despreocupad@s de pensar «pero dónde coj#€&… puse tal cosa» cuando tengamos que estar pendientes de la persona que ha decidido ponerse en nuestras manos, lo que, no lo olvidemos nunca, siempre es una responsabilidad y un honor. No nos olvidemos tampoco de tener cerca un pequeño botiquín, alguna bebida azucarada y, si la persona lo precisa, su medicación (personas diabéticas, por ejemplo) y cosas como una pequeña navaja para soltar ataduras rápido o tijeras de seguridad para cortar cuerdas y una linterna. Os estaréis riendo y pensando que soy una exagerada, pero la menda lerenda que os está escribiendo este tocho infumable estaba suspendida cual chorizo en un local cuando, de repente, se fue la luz durante un rato y tuvimos un susto muy grande. Desde ese día, la linterna nunca faltó en la bolsa de las cuerdas…

Inciso muy importante aquí: los juguetes e instrumentos deben estar como para comer sopas en ellos, es decir, limpitos como la patena. Si se usan con varias personas, hay que desinfectarlos muy bien, usando los productos más adecuados para cada caso. Los juguetes sexuales, en caso de que se usen, hay que protegerlos con preservativo o utilizar los propios de la persona que vaya a llevarlos. Y aunque es un detallazo que la persona dominante haga y se preocupe de todo esto, hay cosas que como sumis@ o ‘bottom’ no debes confiar a la suerte o al criterio de otr@s: ten tus propias cosas y llévalas contigo si te las tienen que meter por algún orificio o hacen mucha pupa (sangre).

En cuanto al uso de sustancias estimulantes, estupefacientes o alcohol, mi opinión personal es que, de manera general, es mejor no usarlas, y ahora lo matizaré. Evidentemente, haced lo que os dé la real gana, pero pensaros muy bien si queréis poneros en manos de alguien que vaya como Las Grecas y pretenda usar un látigo con vosotr@s. Lo del matiz que decía antes: no es igual tomarse una cerveza o una copa de vino que diez. Y no es lo mismo hacer una suspensión de ‘shibari‘ colgando a alguien de una sola pierna o una sesión de látigo que una de adoración de pies. Ya somos tod@s grandecitos para evaluar los riesgos y saber qué hacer y con quien. Sin embargo, sí soy bastante radical en la opinión de que, para hacer BDSM, drogas no, gracias. Al menos, no para mí: ni me pondría en manos de nadie que estuviera drogado, ni me gusta jugar con gente que las usa. Pero vuelvo a repetir: que cada un@ haga lo que le dé la gana. Es mi opinión, y ya sabéis que todos tenemos una sobre casi todas las cosas 😉.

El desarrollo de la sesión ya, amig@ mí@, depende ya de los gustos que tengáis los que vais a participar en ella. El protocolo ‒que te llamen de usted, Señor/Amo o Señora/Ama‒ puede ayudar a entrar en materia, evidentemente, si no te dan picores al utilizarlo o que lo utilicen contigo. Otra forma de establecer verticalidad (de entrar en rol dominante o ‘top’) es hacer que la persona que está en rol sumiso o ‘bottom’ permanezca en determinadas posturas: de rodillas, con la cabeza baja, o evitando el contacto visual, por ejemplo. Las dinámicas ‘brat’ y ‘brat tamer’ (se traduce como ‘niñat@’ y ‘domador/a de niñat@s’) también son interesantes, así como las ‘primal’ (juegos de carceler@/prisioner@, por ejemplo, o lucha, interrogatorios…) o los juegos de roles (sirviente y señor/a, captor-a/prisioner@, jef@/secretari@ o emplead@…)

¿Y si hay que parar?

Ahora que he mencionado estos juegos, que pueden llegar a ser especialmente ‘bestias’ o violentos, podemos hablar de qué hacer si ocurre algo imprevisto y tenemos que parar la sesión a causa de algún accidente, o porque alguna acción o palabra (‘trigger’) desencadena recuerdos dolorosos para la persona sumisa y o bien notamos que algo no está yendo bien o se detiene la sesión usando la palabra de seguridad o pidiendo parar, aunque lo más probable es que no lo haga, porque se agobie o se bloquee. También puede suceder con el famoso ‘subspace, que no es más que una borrachera química natural, de endorfinas (nada de drogas), cuando la persona tiene tal ‘globo’ que no reacciona a ningún estímulo o se queda medio id@. Evidentemente, en cualquiera de esos casos, la persona dominante o ‘top’ tiene que reaccionar rápido y detener de inmediato lo que se esté haciendo. Si la persona sumisa o ‘bottom‘ está atada, amordazada, suspendida, enjaulada, etc., hay que devolverla a una situación normal lo antes posible, calmarla y tranquilizarla. Si se trata de una urgencia médica, hay que intentar prever los posibles riesgos y tener preparado el material necesario para una posible emergencia. Por ejemplo, vendas y gasas en el caso de un corte con un cuchillo, o tumbar a la persona con los pies más altos que la cabeza si se desmaya o marea. Es muy importante intentar no ponerse nervios@ y reaccionar rápido, y tener en cuenta que estamos jugando con cosas delicadas. El BDSM es divertido, pero no está exento de riesgos y no debemos ponernos a ‘jugar’ sin tenerlos en cuenta.

Los riesgos físicos son relativamente fáciles de solventar teniendo el material necesario cerca o el teléfono de urgencias, pero los psicológicos son más jodidos. El daño puede durar horas, o días, y la persona quizá no quiera hablar sobre ello, porque le resulte difícil o doloroso. Es importante estar disponible y dispuest@ cuando la persona lo necesite y que no se sienta abandonada, pero sin agobiarla. Y sí, amig@, si estamos para jugar y divertirnos también tenemos que estar a las duras cuando las cosas van mal dadas, que está muy feo dejar a la gente a su suerte después de haber sesionado, aunque no se tenga una relación sentimental, hay que responsabilizarse de lo que hayamos podido causar, aunque no tengamos toda la culpa, como en el caso de los ‘triggers’. Si se ha roto algo, hay que intentar pegarlo, aunque no hayamos tirado el jarrón. Hay que ‘apechugar’ y estar ahí.

Después de la sesión: el ‘aftercare’

Otra palabreja en inglés. Además del tremendo tostón que nos estás cascando, seisCuerdas, vaya colección de palabritas raras: que si ‘top’, que si ‘bottom’, que si ‘brat’,  o que si ‘trigger’. Chica, que parece que te has tragado el Collins. ¿Qué coño es el ‘aftercare’? Bueno, pues ni más ni menos que volver a la normalidad tras la sesión. Es algo necesario y de lo que no se puede prescindir, porque podría ser contraproducente ‒sí, así de rotundo lo digo‒ y no solo es para la persona sumisa, sino también para la parte dominante ¿Crees que después de haberte abofeteado, degradado, humillado, escupido y haberte tratado como un objeto o haberte puesto el culo como la bandera de Japón la persona dominante no necesitará volver a la realidad? Pues claro que sí. Y un error frecuente y muy extendido es pensar que el ‘aftercare’ consiste únicamente en besar y abrazar… pero no. Hay quien necesita hacerlo de esa forma, pero no todo el mundo es igual, no lo olvidemos. El ‘aftercare’ consiste en regresar a la realidad, y esto se puede hacer de muchas maneras: comiendo, bebiendo, follando, abrazando, besando, acariciando, hablando, dando una vuelta o echando una partida a algo, viendo una peli o escuchando música. Hazlo como te dé la gana, pero hazlo. También es un buen momento para aplicar hielo si hay alguna zona hinchada, o una crema o loción para calmar la piel tras una sesión de azotes intensa. La cosa es no pasar de la práctica propiamente dicha a la realidad sin ese paso intermedio.

El ‘bajón-post sesión’

Hablar de lo que ha sucedido en la sesión, aunque todo haya ido estupendo, es muy conveniente. No hace falta que sea nada más acabar, como si se pasara lista, es casi mejor hacerlo cuando haya pasado cierto tiempo y se haya asimilado lo que ha ocurrido, porque puede pasar otra cosa muy frecuente: el ‘bajón post-sesión’, y que, de nuevo, se trata de un fenómeno relacionado con la química de nuestro cerebro, al igual que el subspace‘ del que hemos hablado hace un ratito. No hay que preocuparse ni rallarse, se suele pasar rápido, así que no te agobies si te ocurre. Es más frecuente que les pase a las personas que han estado en el rol sumiso o ‘bottom‘ en la sesión, pero también puede pasarles a las que han estado como ‘top‘ o dominantes. Lo importante, en cualquier caso, es que las cosas no queden enquistadas en algún oscuro rincón de nuestras mentes: si algo de lo que ocurrió no te ha convencido, te inquieta, te preocupa, o, sencillamente, te apetece hablar sobre ello, hazlo, pero siempre de una manera asertiva, por favor: nada de hacerlo de malas maneras, y una vez más, esto es para ambas partes. Si en una relación convencional es necesario hablar mucho y comunicarse bien, no te digo nada en el BDSM, donde, como he repetido ya un par de veces a lo largo de esta larga entrada, se ‘juega’ con cositas muy delicadas.

Me cuesta resumir hasta a mí el tremendo tocho que acabo de escribir ‒necesito ‘aftercare’ 😝‒ Bien, puedo hacerlo diciendo que sesionar con alguien implica ser responsable antes, durante y después de hacerlo. Ah, y que ambas partes han de hacerlo, no solo la parte dominante hacia la parte sumisa. La persona sumisa también puede y debe responsabilizarse de si su dominante o la persona con la que ha sesionado se encuentra bien o parece no estarlo. Esto es un ‘juego’ para pasarlo bien ‒ya lo decían Depeche en su ‘Master and Servant’‒ pero también para cuidarse mutuamente. Cuidémonos bien y lo pasaremos mejor.

Venga, y ahora dadme amorcito, que me lo he ganado, ¿no? 😜

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8 comentarios en “Sesionando con seguridad: teoría y práctica

  1. Nunca está de más una explicación como la que publicas en comparacion con los cientos de videos explícitos de violencia y sexo que no explican nada de esto precisamente.
    Y no. No es nada pesado. Es lo que es. Punto por punto y con tus experiencias. Además, se nota que lo escribes en beneficio del que va a iniciarse, para que no tenga una mala experiencia, luego queda perfecto.
    Gracias por tu aportación. Un gusto leerte.

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    1. Me alegra que lo aprecies y lo veas de manera positiva. A mí me hubiera venido muy bien leer algo como esto cuando empecé, porque no tenía ni idea de nada, y muchas cosas que me han ocurrido me las podría haber ahorrado. También es verdad que al vivir experiencias se aprende, pero algunas las podría haber «aprendido» de otras maneras, o al menos haber tenido herramientas e información para gestionarlas mejor. Gracias por comentar y por visitar el blog 😉

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  2. Gracias por el blog
    Te he descubierto por casualidad y aquí me quedo. Es un maravilloso descubrimiento.
    Pone luz sobre muchas de las preguntas que me hago al quererme iniciar en este mundo.
    Ahora solo me queda saber por donde empezar…
    Gracias!

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  3. Un placer como siempre disfrutar de tus relatos, reflexiones y articulos informativos. Hoy solo discrepo en el primer parrafo, me explico. Puede que haya personas que quieran una conversacion «calentita» pero mi experiencia me dice que la gran mayoria quiere información. Por lo demás, gracias por tanta información y espero tus próximos relatos

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  4. Acabo de conocer tu blog por Fetlife y es como un regalo atrasado de reyes. Lo que explicas con humor y concreción responde muchas preguntas que ni siquiera sabía que tenía. ¡Un placer leerte!

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